Ashé Omó Osain…

Las plantas de Osaín llenan a los orishas de energía.

…ewé aiyé!

Hay muchas cosas que me gusta de servir a los Orishas, pero ninguna que eleva mi alma como los olores, colores y canciones del lavatorio. Cuando invocamos al gran orisha Osaín, el representante de todas las hierbas, árboles y plantas sobre la tierra, el gran proceso de la creación de un nuevo sacerdote verdaderamente comienza.

Ha pasado muchos años desde la primera vez que se me permitió ver este proceso, una vez que terminé mí año de color blanco como Iyawó (esposa de Orisha), y había hecho todo ebbós (sacrificios) prescritos en dicho proceso.

Yo todavía lo recuerdo con asombro. Mi primer lavatorio fue para un par de gemelas que se dedicarían a Yemayá, mi propio orisha tutelar. Era invierno, la nieve caía en abundancia fuera de la Igbodú en Chicago y yo podía sentir la voz de Oyá ululando en las gélidas ráfagas de viento.

Yo era una tabla rasa, porque a propósito yo me había refrenado de leer y estudiar las canciones que se habían presentado en mi camino relacionado con lavatorio. Me dieron una de las vasijas que contienen las herramientas necesarias a ser preparadas para Yemayá. El Oriaté era un hombre alto de piel morena cubana, su nombre, Lázaro. Se acercó a mí con voz amable y me dijo que podía sentir mucha energía en bruto proveniente de mis manos y él quería que la compartiera como un regalo para la nueva Iyawó.

Me senté en un taburete bajo, una posición un poco de incómoda para alguien que mide casi 6 pies de alto, pero no dije una palabra. Mis ojos estaban abiertos como platos, mis oídos atentos a las instrucciones y mi corazón latía más rápido que las alas de un colibrí.

Empezamos el proceso de sacarle los tallos a las hojas. Trabajaba con diligencia y en silencio. Entonces, la voz del Oriaté llenó el aire, los tonos altos se extendía por la sala de llenado el espacio con energía… Kuru kuru Bede…

Sentada junto a mí estaba una Iyalosha (madre de orisha) ya mayor, ella me sonrió y señaló sus ojos y oídos, así que me dediqué a seguir cada movimiento y poco a poco entré en la cadencia de la labor de preparación de Omiero (agua sagrada hecha de plantas). Al mismo tiempo, mi boca y el cerebro comenzaron a trabajar de una manera que no imaginaba, mientras escuchaba el Oriaté cantar, las respuestas empezaron a salir de mí en sincronía con los otros oloshas en la Igbodú.

Me convertí en parte de una antigua corriente de siglos de existencia como si mi cuerpo ya no fuera mío. Para mí esto era entonces misterioso y surrealista, pero ahora con el pasar de los años he llegado a analizar las cosas, y ya no es una sorpresa cómo las cosas se desarrollaron aquella mañana. Creo firmemente que cuando una persona se convierte en un Iyawó hay una conexión que va más allá de lo espiritual, hay códigos en nuestro cuerpo que se despiertan, sentimos lo espiritual de manera diferente que antes; es como si los Orishas despertaran un conocimiento oculto en cada una de sus nuevas criaturas.

Podría escribir durante horas sobre los detalles de ese y otras innumerables ceremonias de Osaín a las que he asistido, en algunas casas había una disciplina marcial sobre el proceso y eso lo aplaudo porque en la mía así se lleva a cabo. En algunas otras a las que he ido como invitada he observado a algunos oloshas chismeando y riéndose sólo para ser traídos a la realidad con una mirada severa o un par de palabras agudas de la Oriaté.

Supongo que no todo el mundo venera el proceso de la misma manera que yo. Es importante no trivializar los rituales, que siempre haya un sentido de novedad y admiración por el proceso y mantener la alegría en el corazón cuando se trabaja para los Orishas. La concentración es fundamental en cualquier ceremonia, pero aun mejor es el verter el corazón en las aguas del Omiero.

A todos ustedes oloshas que leen estas palabras, que los Orishas mantengan su voz clara, su corazón feliz y sus manos diestro aun si sobre ellas vierten las gélidas aguas de algún río en Chicago mientras preparan Omiero. ¡Ashé Omó Osaín!

Omimelli
Oní Yemayá Achagbá

About Omimelli

I am a Olosha or Santera and for years I have been at the service of the Orisha and the community. I am initiated to Yemayá and my father in osha is Aganjú. I am also an initiate of Palo Mayombe and hold the title of Yaya Nkisi. As part of my daily devotional I spend time at my bóveda and work with my spirits on regular basis.
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56 Responses to Ashé Omó Osain…

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