Crónicas de un joven awó: 7ma parte

Crónicas de Ogbe Ate

A la mañana me desperté con los sonidos y olores de la cocina cubana. Podía oír a la esposa del dueño de la casa preparando desayuno, poniendo los platos en la mesa y organizando las cosas afuera del cuarto. Mi padrino no se veía por ningún lado; seguro que se había levantado previamente. No quería que pensaran que era un vago dormilón de los “Estados Unidos” y para contrarrestar esa imagen, me levante, me vestí y les di saludos a todos. Habían como 2 ó 3 cubanos en la sala y nos pusimos a conversar sobre mi llegada y como había dormido (claro, les mentí…les dije que dormí excelentemente). Mi padrino se había ido hacia la región de los hoteles turísticos que estaba como a 15 minutos de distancia para poder enviarle un mensaje electrónico a su esposa en los Estados Unidos. Yo también le había escrito un texto en su computadora para que cuando tuviera acceso al Internet, se lo enviara a mi esposa. La isla contaba con teléfonos, pero no quería añadirles costos a los cubanos con una llamada cara de larga distancia. Mi padrino me iba a comprar una tarjeta para usar en los teléfonos públicos.

Podía oír la risa y comentarios de hombres y seguí el ruido hasta estar afuera de la casa por el frente. Pude ver a Cuba por primera vez en un día soleado. Estaba sorprendido cuanto me acordaba de Puerto Rico. La construcción de las casas tenía los mismos diseños españoles y norteamericanos, estilo Miami. No era un vecindario de ricos pero tampoco se sentía como un infierno de Tercer Mundo. Los hombres afuera eran Eyiogbe, un hombre grande y alto negro que había estado tocando el Iyá en el tambor la noche previa (lo llamaremos Meyu) y otros amigos de ellos. Meyu tenía mi atención por razones obvias: por su estatura y su personalidad. Le encantaba echárselas, pero de una forma cómica y buena gente. Estaban teniendo una conversación sobre quien era quien en el mundo de los bataleros y él estaba muy rígido en su posición que, “si yo no te conozco, tú no eres balatero en Cuba”. Lo más ridículo era cuando se ponía a mencionar docenas de nombres de bataleros famosos de Cuba (Pipo, Héctor El Negro, Ramón, etc.) que nadie fuera de los Santeros más envueltos en la comunidad religiosa conocería. Fuera de las costas de Cuba, estos personajes serian nadie para el resto del mundo. Pero, era cómico ver la intensidad de su conocimiento y experiencias, todas siendo justificadas por su participación en todos estos “piketes” famosos de bataleros. Cuba, de verdad, era su propio mundo.

Eyiogbe me presentó como músico y desde ahí, Meyu y yo nos apegamos como músicos. Aprendí que él era también un trombonista entrenado y graduado de una excelente escuelas cubana de música. Su relación con la Santería era su vida personal, pero las pasaba noches tocando trombón con una de las agrupaciones de timba moderna. Fuera de su talento como trombonista, era un batalero de madre. Hablaba y se las echaba mucho…pero la verdad era que el tipo podía justificar su alarde. Era un omo Oggún muy echón pero con un alma buena. Se pasó toda mi iniciación de Santo asegurándose que todo estuviera bien conmigo dentro del cuarto y muchas veces se buscaba una sillita para estar conversando conmigo dentro del igbodu.

Eyiogbe me presentó como músico y desde ahí, Meyu y yo nos apegamos como músicos. Aprendí que él era también un trombonista entrenado y graduado de una excelente escuelas cubana de música. Su relación con la Santería era su vida personal, pero las pasaba noches tocando trombón con una de las agrupaciones de timba moderna. Fuera de su talento como trombonista, era un batalero de madre. Hablaba y se las echaba mucho…pero la verdad era que el tipo podía justificar su alarde. Era un omo Oggún muy echón pero con un alma buena. Se pasó toda mi iniciación de Santo asegurándose que todo estuviera bien conmigo dentro del cuarto y muchas veces se buscaba una sillita para estar conversando conmigo dentro del igbodu.

Me pase ese primer día caminando por Marianao. No había mucho que hacer hasta la noche, cuando me llevarían al rio para una ceremonia. Cuando llego la noche, nos metimos todos en un carro viejo de los 1950 con 7 personas: 3 mujeres y 4 hombres (el conductor, mi padrino, my madrina Cubana que me iba a iniciar en los misterios de Shangó, mi Oyugbona cubana, una tercera Santera que era como mi segunda Oyugbona y yo). El viaje por las oscuras calles de Marianao me parecía más como si fuera un grupo de panas (amistades) viajando por una ciudad sin rumbo, buscando pasarla bien. No parecía como si algo ceremonial iba a pasar esa noche, pero me lo estaba gozando de cualquier manera. Llegamos a una sección de Marianao detrás de muchos vecindarios donde la vegetación parecía ser mayor. Nos salimos del vehículo por el pastizal de monte oscuro. No estaba acostumbrado a tanta oscuridad porque venía de una ciudad moderna de los Estados Unidos. Los cubanos tenían lámparas eléctricas y caminamos por un caminito hacia la costa del rio.

Yo ya sabía lo que venía, pero no me podía imaginar quitarme la ropa en este frio. La temperatura estaba a los 55-60 grados. No era como en Puerto Rico, que la temperatura siempre era calurosa. Cuba estaba más cerca a la línea de longitud de la Florida. Su medioambiente era similar a lo que era la Florida en enero. Además….había tres mujeres allí (y las tres eran atractivas). Yo tuve que pensar en todos los pensamientos más macho que podía para olvidarme de lo que iba hacer. Me metí en el agua súper fría y mi madrina y las oyugbonas me rompieron la ropa que llevaba puesta. Llenaron una jícara con agua de rio y empezaron la ceremonia. Agua helada de rio caía sobre mí y yo trataba de no hacer mucho ruido quejándome de lo fría que estaba. Después de 10 minutos habíamos terminado y me habían puesto nueva fresca (una ropa descartada de Eyiogbe: unos shorts pequeños y una camiseta rosada…mi color favorito…fuchi…). Nos metimos en el carro y nos fuimos por las calles de Marianao hacia la casa ceremonial. Hasta ahí llegó la actividad de esa noche.

Los próximos días estarían llenos de actividad con las iniciaciones de la ceremonia de Santo. Sin dar muchos detalles, les puedo decir que todo fue hecho de una manera sumamente completa. Eyiogbe era un Oluwo reconocido en Marianao. Mis $12,000 habían activado un ejército de 15-20 Oluwos y Santeros para mi ceremonia. Aparentemente, habían contratado hasta el cocinero principal del lujoso Hotel Meliá para hacerme mis comidas. Todo paso con tranquilidad durante los primeros 2 días y el día de mi itá de santo llego. Como era rutinario en este tipo de consulta santera, me senté en una silla y escuché las instrucciones del obá. Empezó con los mensajes de Eleguá y durante su interpretación, un pequeño dolor de estómago que había tenido desde la mañana se hizo sentir más fuerte. Me sentía mareado y desorientado y después de terminar de interpretar las advertencias de Eleguá, me dejaron sentarme al lado de la estera para poder recobrar mis sentidos. Este jueguito de “siéntate” y “quítate” ocurrió 3 ó 4 veces durante mi itá de santo. Hasta me atrevo a decir que posiblemente tuve que sufrir el peor itá de santo que cualquier santero ha tenido que sufrir. Yo de verdad quería prestarle atención a las advertencias de los orishas, pero mi cerebro y estómago no me dejaban enfocarme.

El itá terminaría con el descubrimiento de mi nombre de santo. Después de tratar 3 nombres sin éxito, yo le comenté al Oriaté, “bueno, la mayoría de mi vida ha estado ligada a la música… ¿eso ayuda?” “¿Música? Bueno…ya sé…déjame tratar esto…Obá Anya”. La piedra fue la que salió en mi mano cuando me pregunto que la abriera. Ese era mi nombre. “Rey del Tambor”. Por un momento pequeño, trate de olvidarme del dolor y sentir el orgullo sabiendo que iba a poder caminar muy orgullosamente con el nombre santero de “Rey Del Tambor”. ¨Oye… esto fue cosa de los orishas que me dieron ese nombre…

Cuando todo estaba hecho en la ceremonia de Santo, por primera vez, me dejaron dormir en la cama de la hija del dueño de la casa. Había sido mi primer descanso en un colchón, ya que todos los otros días estuve durmiendo en estera. Pero pasaron dos horas de dolor prolongado y no pude dormir. Mi Padrino me llamó que bajara del segundo piso y yo me sentía mal, pero enfermo o no, tenía que irme con 5 Oluwos para varios sitios en la ciudad para hacer ceremonias previas a la entrada al cuarto de Ifá. Teníamos que ir al mar para darle algo a Olokun, a una Palma Real, a un Iroko, al rio y a un cementerio. Yo casi ni podía caminar. No sabía si mi dolor era a causa de tomar el agua local (había cometido el error de tomar agua local en la casa de la madre de Eyiogbe…me había ofrecido agua de un recipiente en su refrigerador y estoy seguro que era agua de la pluma), o si era la consecuencias de otro líquido que me había tenido que tomar (uno que no puedo revelar, dado a que es un secreto ceremonial). De cualquier manera, tuve que caminar los más fuerte posible, aguantando una toalla blanca a mi boca para poder aguantar el nausea. En cada parada, tenía que sentarme en el piso con las piernas cruzadas (no podía arrodillarme como ellos querían, ya que me producía dolor en el estómago), mientras los Oluwos ofrecían adimú (ofrendas) a las deidades que regían en cada sitio y les pedían permiso para mi ceremonia.

Cuando finalmente llegamos a la casa al final de la noche, tenía que hacer algo más antes de entrar en el Cuarto De Ifá. Esto tenía que ver con algo que era muy asqueroso y creo que el saber que eso era lo que venía me produjo un sentimiento adverso en mi estómago. Salí corriendo para el bajo. Después de un día entero de dolor, pude finalmente dejé salir todo lo que me estaba produciendo el dolor. Eyiogbe y otros Oluwos me siguieron al bajo y me atendieron mientras estaba en el piso del bajo al lado del toilet. Después de unos minutos de descanso, me preguntaron, “¿puedes seguir?” Me levante, me limpie bien y encamine hacia el cuarto de Ifá para terminar con la última ceremonia previa. Sin pensarlo mucho, termine la tarea asquerosa y la ceremonia para entrar empezó.

No creo que estaré en otra ceremonia con tanto miedo y anticipación. Los 7 días de Ifá fueron increíbles experiencias por todas las ceremonias que tuve que hacer…y por la realidad que tuve que pasar todos mis días ceremoniales y turísticos en Cuba con unos problemas estomacales severos (nunca tome el agua de pluma de Cuba…nunca). Para mí, aunque yo era un creyente y sabía claramente en lo que me estaba metiendo, era duro darme por completo a una fe. Había pasado una vida entera en una familia donde la religión era algo que se cuestionaba. El acto de arrodillarse al frente de Orunmila no era fácil para mí. Yo mismo me había reído de y sentido superior a gente que “no teniendo racionalidad, se rendían fácilmente a ser sumisos a un “dios” como substituto a tomar control de sus vidas y solucionar sus problemas”. Ese había sido mi pensamiento previo y durante esos 2 años, las cosas habían cambiado un montón. Mis pensamientos religiosos y seculares se entrelazaban fácilmente. ¿Acaso los Orishas existían? ¿Estaba yo entrando en la religión porque me gustaban los aspectos antropológicos de la cultura santera? ¿Estaba entrando simplemente para ser parte de “algo”, de una “comunidad”? Me estaba haciendo santo e Ifá para poder decir que era un “Oluwo” y también un omo Shangó? ¿Acaso había botado unos $12,000 que me había ganado difícilmente en algo que no era necesario para mí? Yo me conocía y sabía que secretamente me gustaba recibir la atención de otros y me preguntaba si quizás esa era la motivación de hacer estas ceremonias. ¿Era acaso la motivación el poder vestirme con un Iddé de Babalawo con mucho orgullo? Mi Padrino me había aclarado que tuviera cuidado con el “faranduleo”; el querer darse alarde dentro de la religión santera. A él no le gustaban los oluwos de nombre solamente, los que nunca estudiaban y nunca modifican su comportamiento o los que no atienden sus aspectos personales negativos. Después, visitando tambores, me daría cuenta de lo que él me hablaba.

Las respuestas a mis preguntas vinieron en mi itá de Ifá. Mi signo de vida salió Ogbe Ate (Ogbe Irete). Tres aspectos de este odú me hablaban directamente a mí. Los poderes del cerebro nacían en este signo y yo siempre me había considerado una persona sumamente intelectual. Era parte de mi personalidad ser una persona que miraba las cosas desde una perspectiva intelectual. Pero, sorpresivamente, dos otros aspectos eran más importantes y cercanos a mí. En Ogbe Ate, nacía la gran batalla entre el cerebro y el cerebelo. El cerebro controlaba el cuerpo durante el tiempo consciente y el cerebelo controla todas las partes del cuerpo que funcionan de manera inconscientemente y cuando la persona está inconsciente. Un patakí del signo hablaba de la historia de cómo el cerebelo estaba no contento con el cerebro porque este no le quería rendir moforibale (respeto). En un acto de demonstración, el cerebelo apago al cuerpo y el cerebro no tuvo el poder de prender el cuerpo. El cerebro tuvo que reconocer que el cerebelo tenía un poder superior a él y a fin de cuentas le tuvo que rendirle moforibale.

Mi itá había venido con Osogbo Arun Caferti Leri (negatividad de enfermedad de la cabeza o por la cabeza). Quizás esa fue mi primera interpretación de Odú como un awó. Me dirigí a los otros Oluwos presentes. “Señores, yo sé porque soy Ogbe Ate y de que me habla este osobgo. Yo soy un epiléptico. He sido epiléptico desde los 13 años. Tengo lo que llama la medicina occidental como “Juvenile Myoclonic Disorder”, una forma de epilepsia que se presenta en los años de crecimiento en la juventud. Es un caso no muy fuerte…quizás tengo un ataque al año o ninguno si me tomo mi medicamento…pero…lo tengo”. Cuando terminé de hablar, uno de los Oluwos dijo, “¡Ajá! Tiene el Mal De San Vito”. Los otros Oluwos sonrieron y reaccionaron, como si dijeran, “contra, ahora hace sentido”. Otro patakí de Ogbe Ate habla de que la persona sufre el “Mal De San Vito”. ¿Cuál es ese mal? La persona sufre de convulsiones.

De los 256 signos que me podían salir, mi signo de babalawo bajo con osogbo arun caferti leri y Ogbe Ate. Estaba muy claro en lo que me quería decir Orunmila: que mi problema más grande en la vida sería mi epilepsia. Fue ahí que me di cuenta de la certeza extraña de signo de Awofaka: Osa Ogbe (la persona tiene un talento en las manos; nacen los aparatos musicales) y Ogbe Ate (la persona sufre convulsiones y el cerebelo toma control…como me pasaba cuando perdía la consciencia durante un ataque epiléptico). Durante mi estudio de mis signos, me di cuenta de otra “coincidencia”: Eshú Ayé nacía en Ogbe Ate. Para que lo entiendan, después de 2 años de haber recibido a Eshú Ayé como parte de mis Guerreros y de una adivinación diferente con Ékuele, recibí una adivinación completamente diferente con Ikines donde el signo que salió y regia mi vida era el signo donde nacía el mismo Eshú Ayé. ¿Es esto una coincidencia o certeza de lo que me había hablado Orunmila en todas mis consultas? También me acordé de las cosas en los Estados Unidos y me acordé de la estatua de San Francisco de Asís que era Orunmila en el sincretismo de los orishas con imágenes Católicas. Era como si Orunmila supiera que esa casa que compre era para mí, había alineado las cosas para que la encontrara y se había asegurado que iba a conocer a las personas correctas en los momentos correctos para asegurar que llegara a hacerme Ifá. Todo estaba completándose en un círculo cósmico, increíble y lleno de una certeza impecable. O era un coincidencia increíble de muchos hechos sin razón de ser o Orunmila y los orishas existían. Ya no podía ser incrédulo. No había forma que todos estos aspectos íntimos de mi vida podían salir en adivinaciones diferentes y no relacionadas. Cuando llego el momento, no tuve ningún problema con doblar mi cuerpo, agarrar mi Irukere y Iroke, y saludar a Oludummare, Orunmila y cualquier otro Orisha.

Epílogo

Han pasado 7 meses de mi día de iniciación. Para respetar la tradición, todavía me visto de blanco aunque como Awó es innecesario para mi hacerlo. La consagración de Ifá me purifica más, haciendo innecesario el proceso espiritual del iyaworaje. Pero, pensé que era importante reconocer el cambio que estaba tomando en mi vida. De vuelta a mi casa, le había revelado mi cambio a mi familia. Como lo espere, mi hermano no estaba sorprendido. Siendo un músico, el había conocido y compartido muchas tarimas con Santeros y sabia un poquito de los batas. Mi mamá, siendo una persona tolerante, estaba contenta por mí, pero preocupada de que no me encontrara en un situación donde alguien me “tomara el dinero” como parte de un saqueo religioso. Básicamente, estaba preocupada que algún “Pastor” de alguna religión abusara con mi confianza. A mi padre me tomo un poco tiempo de decirle, pero él se dio cuenta del cambio de ropa y nunca discutimos el tema. Yo creo que lo acepta pero no necesariamente esta súper contento sobre el cambio. Su mentalidad es más una cercana a que la gente “viva y deje a otros vivir”, que creo que es saludable.

Me he metido fuertemente en el estudio de mi religión y he conocido a creyentes excelentes, como lo es Omimelli del The Mystic Cup. Le doy las gracias por darme la oportunidad de contar mi historia particular de cómo me convertí en un Awó, y espero que en el futuro pueda entrar en las discusiones religiosas de este blog y ofrecer mis comentarios. Los comentarios del babalawo más chistoso y regular que conocerás. Gracias por leer mi relato.

Awó Ogbe Ate

This entry was posted in Ifa, Santería. Bookmark the permalink.

8 Responses to Crónicas de un joven awó: 7ma parte

  1. Gloria says:

    Iboru Awo’iboya Awo’ ibocheche Awo’,hoy se da fin a su escrito de sus caminos de consagracion religiosa,todos y cada uno han sido muy interesantes nos ha llevado poco a poco en su relato,Hoy para mi un dia super especial quiero felicitarle con todo mi corazon y decearle que en su largo camino sea de luz para asi poder con humilad,amor y respeto ayudar la humanidad,como asi ha de ser,gracias de todo corazon,YEMAYA OKUTE……Bendicion.

  2. berlis says:

    super interesante tu relato, es una prueba fiel de que solo hay amor y que este camino nos lleva a ser mas tolerantes.. gracias por compartirlo.!

  3. awo ogbe ate says:

    Gracias todos
    Estoy contento que el relato les gusto. Ogbo ato asure iwori wofun

  4. annie says:

    Iboru Iboya Iboshishe..Maforibale todo tiene su momento y a usted le llego el suyo..No hay casualidad si no causalidad..Me alegra mucho tenerlo como Abure y amigo..Le pido que se mantenga escribiendo para The Mystic Cup es un lugar de instruccion con mucho valor para todos los que estamos en crecimiento…Gracias y adelante con tan bella mision…

  5. Ogbeate says:

    Tenemos cosas en comun cuando pequeña padecia de epilepsia tam y me encanta la musica me gusto tu relato

  6. reinaldoagunda says:

    Oluwo Iboru oluwo Iboya oluwo Iboshishe, estimado abure Ogbe Ate, debo confesarle que su relato me ha tenido leyendo continuamente durante varios días inclusive en mi trabajo donde tambien leí algunos de los “capítulos” de su hermosa y atractiva historia, su relato es una de las tantas pruebas que sirven de sustento a la majestuosidad y veracidad de los misterios de nuestra hermosa religión; como Ud. tambien soy un Omo Shango y tengo camino de Ifa, actualmente estoy preparando todo para asentar mi Angel de la Guarda que quizas tambien sea en Cuba ya que mi futura madrina hizo su Kariosha en ese hermoso país y existe la posibilidad de que sea así, en todo caso mas allá de identificarme con su historia y haber sido atrapado por la manera atractiva de compartir con nosotros su historia, tambien debo decirle que me sirve para sentir que voy en el camino correcto, un abrazo y que tenga mucha armonía y paz y espero en algun momento conversar. Felicidad.

  7. Gipsy says:

    Me encantó su relato, excelente Oluo! Tenemos muchas cosas en común, Ogbe Ate, Baba e mi Shangó… lo único diferente es que soy mujer! Lo felicito de corazón y que Orunmila lo lleve siempre por el camino del bien y la humildad! Un abrazo!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *