Santería y el paradigma Shakepeariano

Ser o no ser, esa es la cuestión

Me apoyo en las famosas y profundas palabras del Hamlet de Shakespeare en su momento de duda al confrontar las adversidades de su vida, para trazar un paralelismo con las adversidades y retos que muchos hemos enfrentado como olochas, babaloshas e iyaloshas en la Religión Yoruba. Pese a que podemos aplicar este planteamiento a múltiples temas en nuestro ámbito religioso, propongo que veamos qué podemos hacer para SER mejores padrinos y madrinas.

Vivimos en una era de rápidas comunicaciones, de portales de Internet, iPods, teléfonos digitales y miles otras maravillas tecnológicas. El acelerado tren de vida y la comercialización, características intrínsecas de la cultura moderna en los Estados Unidos, ha tenido una marcada influencia el proceso de entrada de neófitos a las casas de santo. Hoy día las personas que desean ser parte de esta comunidad religiosa buscan padrinos y madrinas por Internet, van a una botánica o a unas cuantas actividades públicas de osha y a los días, semanas o tal vez meses ya tienen o quieren tener santo hecho. Todo parece tener un precio, toda cabeza parece tener un “camino” hacia el sacerdocio yoruba.

Son muchas las veces que he oído a santeros mayores recitar como papagayos, “cabeza busca casa”, sin embargo, son pocos los que he visto trabajar con ahínco para asegurarse que cada cabeza que llegue a su casa y es aceptada por los orishas alcance su máximo potencial. De eso es que se trata el ser un buen mayor, de desarrollar capital humano, intelectual y espiritual. Como mayores, no podemos sacrificar la calidad por cantidad, si alguien tiene prisa por ser olorisha, pertenecer a la comunidad Lukumí y por andar presumiendo una ‘corona’, esas no son razones suficientes para acelerar el proceso de consagración. No se deben sacrificar pasos en el proceso de aprendizaje porque eventualmente el resultado es el resquebrajamiento de relaciones entre iyaloshas/babaloshas y ahijados y la pérdida de tradiciones.

Por otra parte, las nuevas generaciones de los que quieren ser parte de la religión Yoruba parecen llegar ya amparadas del más persuasivo de los orishas, Babá Dólar. Además he observado que en particular con la generación X trae consigo menos aprecio al respeto a los mayores y una creciente actitud de creer merecérselo todo. Muchos creen que porque hay muchísimo material sobre la Regla de Ocha ya impreso en libros y en el Internet, ellos tienen el “derecho” de esperar conocerlo todo con solo recibir los elekes. Las nuevas generaciones no se dejan criar, carecen de paciencia a la hora de aprender y no se conforman con progresar por niveles. Ellos quieren SER ya.

¿Somos o no somos como sacerdotes responsables y capaces de poner un alto a estas tendencias? ¿Dónde estamos fallando? En base a mi experiencia y observaciones, el problema es complejo y no solo radica en una combinación de factores, sino también en actitudes aprendidas de nuestros propios mayores, las cuales simplemente tienen que ser revisadas y algunas, desechadas. No debemos permitir que la mentalidad de consumo y colección nos haga perder la perspectiva como albaceas de un legado no solo religioso sino también sociocultural
En base a mis observaciones de lo que un ilé funcional es, ofrezco algunas ideas que tal vez pueden ser de valor para evaluar la condición actual de nuestras casas de santo.

Algunos pilares de un ilé bien asentado: Inteligencia, discernimiento, dedicación, disciplina y obediencia.

Como padrinos y madrinas dependemos de la inteligencia para reconocer nuestras limitaciones. ¿Como oloshas, a cuánta gente podemos educar concurrentemente de una manera responsable y cabal para que en un futuro puedan ser albaceas de la religión?

El discernimiento es de igual importancia. Como comentaba, no todo mundo que entra a una casa de santo está destinado a llegar a ser un olosha. Tenemos la responsabilidad de discernir quién tiene y quien no tiene la capacidad de cumplir cabalmente con La Regla de Osha, sea cual sea el nivel de compromiso. Hoy día, la mentalidad de consumo y la proliferación de oloshas que viven de la religión han creado una absurda falta de balance el proceso de ordenación de oloshas. Abundan los iyawós abandonados a su suerte y los que aprenden del Internet porque sus padrinos no enseñan y los que han sido estafados y como esos, muchos otros casos aberración y falta de responsabilidad. Cabe señalar que también hay aquellos iyawós que una vez iniciados se revelan y se pierden en un mar de autosuficiencia. Estar consagrado a un orisha no es convertirse en un Orisha. Por tanto Tenemos que aprender a discernir para no tirar perlas a los cerdos.

La dedicación es vital para tener un ilé bien asentado. Si nos comprometemos como santeros a levantar un pueblo, entonces hagamos las cosas completas y convirtámonos en ejemplos vivientes. Para lograr esa meta hay que dedicarse a estudiar de por vida y de la misma manera, a contribuir al desarrollo espiritual e intelectual de nuestros ahijados. Seamos un ejemplo de dedicación al acatar con inteligencia los designios de los orishas, mostremos a los ahijados que todos tenemos el potencial de lograr un cambio positivo, por medio de un balance entre la fe y la acción, por medio del desarrollo de un buen carácter.

Otro pilar es la disciplina. La disciplina es necesaria para seguir los dictámenes de los orishas, para saber cuando contenernos y cuando actuamos, para saber acatar los mandatos de los mayores y para saber cuando abrir un diálogo al enfrentar disyuntivas. La disciplina forja nuestro carácter. ¿Qué sería la Regla de Osha sin disciplina?

La disciplina y la obediencia caminan juntas. La obediencia que nosotros mostremos a nuestros orishas y a nuestros mayores ayudará a inspirar confianza entre las nuevas generaciones. Inspiremos confianza en nuestros ahijados por medio de nuestros actos y ejemplos, de esta manera ganaremos su obediencia y respeto.

Habrá quien piense que no hace falta tanta regla y que todo mundo debe tener la oportunidad de “hacer santo” y de “cambiar su vida” o de “salvarse de X o Y situación” al hacer santo. Si una persona se ve en la disyuntiva de tener que hacer santo (y esto ha sido comprobado con respaldo de un registro), entonces el TENER nos deja como oloshas sin alternativa. Pero aun así estamos en el deber de advertir que el llegar a hacer santo no es una panacea, sólo provee un impulso el cual hay que saber aprovechar siguiendo los consejos del itá y de los mayores de dicha persona.
Finalmente, propongo que como oloshas en lugar de obedecer ciegamente, obedezcamos inteligentemente. Ayudemos a los que van a entrar a los rangos del sacerdocio a entrar preparados, depurados y haciendo no sólo un acto de consagración sacerdotal, sino un acto de entrega y devoción. De esa manera, cuando tengamos que rendir cuentas al pie de Olofi, habremos cumplido a capacidad con nuestro cometido como oloshas de la Religión Yoruba al desarrollar no solo a personas sino al impactar propiamente a las futuras generaciones.

Omimelli,
Oní Yemayá Ashagbá

Publicado originalmente en www.temployoruba.org

About Omimelli

I am a Olosha or Santera and for years I have been at the service of the Orisha and the community. I am initiated to Yemayá and my father in osha is Aganjú. I am also an initiate of Palo Mayombe and hold the title of Yaya Nkisi. As part of my daily devotional I spend time at my bóveda and work with my spirits on regular basis.
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